135. Juramento
Con la pistola ajustada a la cintura, Nathan cruzó el vestíbulo arrastrando un dolor que no era físico, sino la angustia de dejar a Isabella sufriendo. Al llegar a la puerta, encontró a Jorge esperándolo.
—Nadie entra ni sale —ordenó sin detenerse—. Si Isabella intenta levantarse, impídeselo.
—¿Cuántos hombres necesita, jefe?
—Ninguno. Walter espera a Isabella, no a mí. Esa es mi única ventaja.
El motor rugió y la mansión se reducía en el retrovisor, al igual que su esposa… atrapada en un odio