116. Las mieles del poder
El amanecer filtraba una luz tenue a través de las persianas cuando Isabella entró a la UCI. Asintió al guardia de la organización apostado junto a la puerta y dejó su bolso sobre la silla.
—Buenos días, señora Kingston —saludó la enfermera de turno, una mujer de mediana edad con expresión amable—. Ha habido cambios durante la noche.
Isabella sintió que su corazón se aceleraba y se acercó a la cama de inmediato.
—¿Nathan está bien?
—Hubo respuesta a estímulos y movimientos oculares dirigidos. V