La esposa del jefe de la tribu pidió a Carlo que cortara el cordón umbilical de su hija, hecho un mar de nervios y con manos temblorosas procedió a hacerlo, Farh no podía creer que aquel pequeño fuera su hijo, era perfecto, divino.
—No quiero que lo toques, ya fue suficiente, sal de aquí, no quiero verte —gritó a Carlo que volteó a verla enseguida, sabía que lo merecía.
—Farh, si es lo que deseas te pediré perdón de rodillas, pero no puedes alejarme de la vida de mi hijo, deseo estar con él y c