Abdel herido de un brazo miraba furioso a Ahmed y a los demás hombres, el Jeque aún empuñaba el arma, era capaz de todo con tal de defender a su hija.
—¿Y tú eres el que algún día se dijo mi padre?
Abdel trataría de jugar su última carta, la del chantaje, pretendiendo así que Ahmed lo dejará libre.
—Te quise como si fueras mi propio hijo, aún cuando me enteré que no lo eres, pero te atreviste a dañar a mi hija, ella es inocente en todo lo sucedido.
—Fahriye y yo nos amamos, queremos estar junto