Antes de que los guardias se llevarán a Lyna, la pelirroja se lanzó a los pies de Ahmed, abrazándolo con fuerza, suplicando.
—No, Ahmed, no puedes repudiarme, perderé todo, quedará en la calle.
—No puedo pasar por alto lo que has hecho, fueron años de sufrimiento en los que mi vida fue miserable, en los que me culpaba por tu muerte y la de mis hijos, todo eso sucedía mientras tu estabas feliz con tu amante, sabías que mis hijos eran mi vida, no Lyna, no te equivoques, jamás podré perdonarte.
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