Ginevra Giovanni
Habían pasado dos días desde mi recaída. Mikhail había cumplido su palabra y no me dejaba sola en ningún momento. Siempre estaba a mi alrededor y velaba por mi sueño todas las noches, asegurándose de que todas las luces estuvieran encendidas y que el pasillo siempre estuviera iluminado.
Sabía que él no dormía, ya que todos los días, al despertar, lo encontraba sentado en la silla o mirando por la ventana, con la misma arma en sus manos, dispuesto a lo que fuera necesario.
Ese