Isla estaba de pie en medio de la sala de Horatio mientras les indicaban a los de mudanza donde ir colocando cada caja.
Cuando Horatio la convenció de mudarse con él hasta que atraparan al responsable de las amenazas, se imaginó llevando unas cuantas maletas, no casi la mitad de su departamento. Era un hecho que Horatio nunca hacía nada a medias.
—Eso es todo —informó uno de los hombres y le entregó un papel para que lo firmara.
Justo cuando el hombre se marchaba, Horatio regresó de su despacho