Horatio esperó pacientemente a que Isla se sintiera lista para bajar.
—No te había visto así de nerviosa antes, ni siquiera cuando me conociste —bromeó para aligerar el ambiente.
Isla giró la cabeza y puso los ojos en blanco.
—No estaba nerviosa cuando te conocí.
—No tienes que avergonzarte por admitirlo. ¿Cómo podrías no estarlo? Me has echado un vistazo, pondría nervioso a cualquiera.
—Hagamos esto de una vez, si me quedó aquí puede que tenga que presentarme sola a tus padres.
Sonrió al ver q