Horatio había tenido el sueño más excitante. En él estaba Isla, desnuda encima de su cama mientras de su boca salían los sonidos más sensuales y provocativos que alguna vez había escuchado. Ella había acogido su miembro en su cálido interior y se había aferrado a él como si fuera su salvavidas.
Abrió los ojos de golpe mientras los recuerdos de la noche anterior se volvían más nítidos. No había sido un sueño.
Esperaba encontrar el seductor cuerpo de Isla a lado suyo, pero ella no estaba allí.