Isla gimió mientras la boca de Horatio se volvía exigente. Él podía tomar lo que quería de ella porque no pensaba poner ninguna resistencia.
Cuando lo invitó a ir por unos tragos, no era así como había esperado que terminara la noche.
Su semana había sido más larga de lo usual y apenas había logrado llegar hasta ese día, aunque no estaba segura que habría podido hacerlo sin la ayuda de Horatio. Él se había asegurado de que cada día fuera llevadero.
Su madre había amanecido mucho mejor ese día e