La noche estaba en calma, y las estrellas brillaban con una intensidad especial, como si el universo quisiera ser testigo de lo que estaba por suceder entre ellos. Verónica se acercó a Emanuel, con el corazón latiéndole rápido, pero decidida a decir lo que llevaba dentro.
—Necesito pedirte perdón, Emanuel —dijo, con la voz entrecortada.
Él la miró sorprendido, con una mezcla de curiosidad y preocupación, mientras ella continuaba:
—Me equivoqué contigo. Fui injusta, terca y no quise ver todo lo