Mientras el sol comenzaba a despuntar tras las montañas, Verónica y Emanuel se despertaron abrazados, con las sábanas enredadas y el corazón ligero. Habían recuperado el tiempo perdido, y ambos estaban encantados de vivir ese presente que tanto se merecían.
Verónica, con una sonrisa traviesa mientras se acurrucaba contra él, le dijo:
—Bueno, señor incómodas cuotas, debo admitir que estoy disfrutando mucho de este "plan de pagos".
Emanuel la miró con ternura y respondió mientras le acariciaba el