Capítulo 8 —Un Encuentro en el Bar
Emanuel Ferreira se recostó contra el respaldo de su silla, sintiendo cómo el cansancio del día se le acomodaba en los hombros como una carga vieja y conocida. Afuera, la ciudad seguía viva: luces encendiéndose, autos pasando, gente apurada. Dentro de su oficina, en cambio, el silencio pesaba.
Miró el teléfono otra vez.
El mensaje seguía ahí.
“Espero que haya llegado bien a su casa anoche. Lo vi muy mal, por eso me atrevo a escribirle para saber que no hay