Jugando con Fuego
El lunes por la mañana, Emanuel llegó a la casa de Verónica como lo había hecho tantas veces en los últimos días. Pero esta vez, algo fue diferente.
Cuando bajó del auto para saludarla, una mujer mayor estaba con ella, observándolo con un brillo inteligente en los ojos. Era Gloria.
Emanuel, siempre educado, le extendió la mano con respeto.
—Buenos días, soy Emanuel Ferreira, amigo de Verónica.
Gloria no tardó ni un segundo en responder con una sonrisa traviesa.
—Buenos dí