El teléfono de Carolina vibró sobre la mesa, interrumpiendo su concentración en los apuntes de la universidad. Al ver el nombre de Georgina en la pantalla, su pecho se tensó. No hablaban seguido, solo lo necesario. Sin embargo, algo le decía que esta vez era distinto.
—¿Georgina? —preguntó al contestar.
La voz al otro lado de la línea sonaba entrecortada, agitada, con un tinte de ansiedad que Carolina nunca le había escuchado.
—Caro… Creo que ya viene. La bebé…
Carolina se puso de pie de inmedi