46. Únete a nosotros
Klaus
Veo una luz blanca al abrir los ojos, es demasiado fuerte como para que pueda acoplarme tan fácil a ella.
—¿Morí?
—De no ser por mí tal vez lo hubieras hecho —escucho a un hombre.
Cuando puedo verlo mejor me doy cuenta que evidentemente, no morí, estoy en un hospital y no sé qué quiere el hombre a mi lado.
—¿Buscas esto? —señala el arma que me entregó mi madre —muy poco astuto, no tiene balas, es una linda arma ¿Regalo de tu novia?
—De mi madre —hablé entre dientes.
Su expresión se suaviz