47. Es justo lo que necesitaba
Ximena
Cuando abrí los ojos sentí algo pesado en mi cintura, era el brazo de Klaus.
Un segundo, recién despierto y creo que mi cerebro no está procesando nada en estos momentos ¿En qué momento pasé de hablar con él a dormir en mi cama? ¿Él y yo habíamos tenido…? No, no, seguro lo recordaría.
Intenté levantarme sin que lo notara, pero no funcionó.
—Buenos días, preciosa.
Escuchar su voz grave en la mañana era un placer auditivo.
—Buenos días ¿Qué hora es?
—Eso no importa —me pegó más a su cuerpo