Besé a mi novio apasionadamente. Nuestras lenguas se conocían tan bien y bailaban al mismo ritmo. Sus labios devoraron los míos, como si supieran lo mejor del mundo. Extrañaba mucho su sabor, su cuerpo sobre el mío, su cálido aliento sobre mi piel.
Pronto ya estaba duro, esperándome. Levanté el vestido mientras Francis me arrancaba las bragas y las tiraba por la ventana.
- ¿Puedo saber por qué haces esto? Besé su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja, el cual mordí levemente.
- Porque no qu