Mauricio Provost

- ¡Sierra! Junior apareció, corriendo hacia mí y dándome un abrazo.

Incluso me sentí culpable por odiar al chico que apenas conocía. Tal vez era un buen chico.

Me soltó y comenzó a reír, señalándome.

- Giro de vuelta. - dijo Joyce.

Me di la vuelta y ella me quitó una masa pegajosa de la ropa:

- Masa de moldar. Él ama.

- ¿No es capaz de disfrutar de algo útil? - le dije serio mientras pensaba que era gracioso. – ¿Cómo puedes ser tan aburrido, chico?

- Es sólo una broma, hermana.

- No soy tu herm
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