La mañana en Étoile comenzó con el leve aroma del yeso fresco y la madera recién colocada. El estudio aún olía a cenizas, pero había en el aire algo más fuerte: esperanza. Pamela, vestida con ropa sencilla y el cabello recogido en una trenza despeinada, caminaba entre los obreros, entregando instrucciones, corrigiendo detalles, supervisando cada rincón. Cristhian la seguía de cerca, silencioso pero atento, como un guardián inquebrantable.
Reconstruir Étoile no solo era levantar paredes, sino co