Severiano estaba hecho una caldera por el enfado, lo que impedía que Tania y Lucas se explicaran. Les recitaba todos los peligros que se hallaban fuera de esa cabaña, como si ellos no hubiesen sido consientes de tal cosa, pero necesitaba desahogarse.
—Estuve a punto de crear un conflicto nacional por culpa de ustedes, par de inconscientes —los regañó mientras preparaba un poco de té de manzanilla para él. No pensaba compartirlo con ninguno—. Si hubiera llamado a mis financistas, ellos se habría