Otra semana fue tragada por el tiempo, pero esta, a diferencias de las demás, no había sido improductiva.
Severiano decidió aumentar las dosis de los brebajes que le suministraba a Tania. Ya no lo hacía una vez al día, sino dos, y tenía pensado hacerlo también por las noches. La chica se mostraba más activa y parlanchina, la energía se le había multiplicado y él temía que aquello le despertara los instintos atrayendo a sus enemigos. Además, escuchaba en el pueblo rumores sobre la presencia de p