4. Suya

Sus palabras me asustan, si digo que no estaría mintiendo, pero no sé qué hacer.

No sé cómo sobrellevar esta situación, he intentado de todo y nada funciona para alejarlo de mí sin que reciba violencia de su parte.

—Hablemos Vincens, somos adultos.

—Ya hemos hablado ¿No? Las cosas están bastante claras, eres mía y haces lo que yo te diga, sencillo— respiro hondo— Solo que te haces la estúpida y no haces nada de lo que digo ¿No es así?— sus nudillos acarician mi mejilla por unos segundos, solo unos segundos, luego su mirada demuestra enojo y su próximo movimiento es golpear mi mejilla.

Jadeo, jadeo y me topo el lugar lastimado. La sorpresa no me da para más.

Pero no se detiene ahí, porque vuelve a golpearme y luego se abalanza sobre mí sujetando mi mentón.

—Se acabaron los juegos Danna, o haces lo que te digo o pagas las consecuencias, no te tendré piedad, vuelves a dejar que un hombre te ponga una mano encima y a él lo mato y tú no serán solo bofetadas lo que recibirás.

Me está amenazando, jodidamente lo está haciendo.

No contesto por el shock. Vuelve a empujarme sobre la cama y de paso se quita el resto de su ropa, niego y me ignora.

—No voy a tener nada contigo.

—Lo harás.

En un movimiento rápido busco levantarme, pero con solo uno de sus brazos me domina.

—¡No, Vincens!— agarra mi cuello presionándome contra el colchón y grito.

—¿No era esto lo que ibas a tener con Luciano?— con cada palabra que dice su enojo aumenta— Pues te callas y me das lo que yo te pida, total, eres mía— repite— y lo que yo te pida esa me darás.

Quita lo que queda de mis prendas quedando ambos desnudo. Respiro profundo, no hay vuelta atrás en este momento, es un hombre y su fuerza sobrepasa la mía, estoy desnuda y el enojado, cualquier cosa que intente hacer no va a terminar para nada bien.

Me besa, la desesperación y la rabia están presentes, intento seguir sus besos y sus agarres en mi cuerpo se intensifican como si deseara que nuestros cuerpos se vuelvan uno.

Me mira y por unos segundos veo en su mirada algo diferente al enojo que antes lo dominaba, solo unos segundos porque niega y vuelve a la misma expresión de odio y rechazo.

Vincens acaricia y aprieta mi cuerpo mientras lo hace suyo sin piedad alguna, los gemidos salen de mí sin poder detenerlos. Una parte de mí no quiero callarlos.

Esa parte retorcida que sabe que esto está mal, pero aun así lo desea, porque él fue el único hombre que me ha marcado y aún quiere seguir teniendo ese papel en mi vida.

Grito cuando muerde uno de mis pezones, me embiste y acaricia mi clítoris haciéndome venir, siento los espasmos, respiro erráticamente, cierro mis ojos y aprieto los dedos de mis pies, hasta sentir como él también acaba llenándome de su semilla.

De un último empujón para luego salir de mi interior y acostarse a mi lado pegando mi cuerpo al suyo, su respiración en mi cuello hace cosquillas y ninguno dice nada por un rato, pero mi mente no deja de idear un plan.

Quizás si le doy lo que busca por un rato se aburra con el tiempo, solo es un capricho, claro, como le he estado negando algo que quiere y es algo a lo que no está acostumbrado, se ha obsesionado.

Vincens es un hombre poderoso, algo me dice que más de lo que creo, después de lo que he visto hoy he confirmado que no lo conozco de nada, nada es como pensaba.

—Quiero irme a casa— digo y siento como deja un beso en mi hombro y se acomoda en la cama apoyándose de sus codos.

—No, hoy no— me giro para mirarlo y tiene una sonrisa en el rostro— Lo que queda de la noche y la mañana serás para mí— sujeta mi rostro y deja un beso.

No refuto y parece contento con ello.

—No quiero tener sexo sin preservativo— digo captando su atención.

—No quiero tener seco con preservativo— menciona y pongo mis ojos en blanco, molestándolo— Te he dicho que no hagas eso.

—Vincens, no voy a tener nada contigo si no usas un jodido condón, no sé con cuántas mujeres te acuestas sin usar protección y no me voy a arriesgar.

—Tranquila, eres la única con la que no lo uso— dice y me rio en su cara— No estoy bromeando, Danna, me creas o no, estoy limpio cuando quieras nos hacemos unas pruebas.

—Aun así, no confío mucho en mi anticonceptivo y no quiero tener un hijo— hago una pausa pensando lo que voy a decir y al final lo suelto— Menos contigo.

Sus ojos se entrecierran y me mira quedándose pensativo.

—¿No quieres un hijo conmigo, eh?— dice acercándose a mí sigilosamente.

Me pongo nerviosa mientras lo veo acercarse.

—No.

—¿Qué anticonceptivo dices que utilizas, Danna?— pregunta apartando un mechón de cabello de mi rostro.

—Inyección— respondo.

—Perfecto.

Sonríe y me besa, siento que la noche se hace eterna mientras toma mi cuerpo una y otra vez hasta que amanece y parte de la mañana, es como si no se cansara de esto, me asusta un poco, pero sé que solo será así en el comienzo.

—¿Qué pasó con Luciano?— pregunto mientras veo como Vincens se acomoda el saco de su traje.

Termina de abotonar y se acerca a mí, pego la sabana a mi cuerpo y desvió la mirada, su mano toma mi mentón y me obliga a mirarlo.

—¿Tanto te importa lo que le pase a tu amante, cariño?

Amante…

—Solo quiero saber qué pasó con él, nada más— digo quitando su mano de mi rostro.

—Solo fue un pequeño susto, se encuentra… bien, esperemos que haya aprendido con eso y no sea necesario llegar a más y que su familia tenga que planear su funeral ¿Cierto?— lo miro horrorizada y lo nota— Me gusta que tengas miedo, sabrás qué hacer y que no.

Toma su corbata y me la pasa, entiendo su mensaje y me levanto para ayudarlo a ponérsela.

—Gracias cariño, en el closet hay ropa para ti, el chofer te llevará a casa una vez que estés lista, pero si decides quedarte no hay problema.

—Claramente no lo haré.

Sonríe, pero no una sonrisa genuina, notó su disgusto. No dice nada, solo sale y puedo respirar profundo.

Me levanto y me acerco a una de las ventanas, veo como su auto se aleja, busco mis cosas, veo lo que era mi vestido en el suelo y hago una mueca molesta.

Pienso en lo que me dijo y reviso el closet, para mi sorpresa hay varias prendas de mujer, vestidos de marca, en su mayoría saco uno y veo que es de mi talla, es lindo, pero muy elegante, es algo que usaría Rose, quizás sea de ella, aunque tiene la etiqueta.

No lo pienso mucho y me lo pongo sin quitársela, más tarde lo devolveré. Entro al baño y busco un cepillo de dientes sin usar, cepillo mi boca, lavo mi rostro, me peino y cuando termino tomo mi cartera con mis pertenecías.

—Buenos días— digo al chofer, quien solo hace un movimiento con su cabeza y se mete al coche.

—¿A su casa señorita?

—Sí, es…

—Sé la dirección— dice interrumpiéndomelo y aunque me gustaría sorprenderme no lo hago, no sabiendo quién es su jefe.

Cuando estoy en mi departamento dejo el bolso sobre el sofá y paso directamente a la habitación poniendo a cargar mi celular en cuanto enciende busco llamar a Luciano, me sorprendo cuando el teléfono me notifica de llamadas perdidas suyas y mensajes de él intentando comunicarse conmigo inmediatamente lo llamo.

Al tercer tono me responde.

—¿Luciano? ¿Cómo estás? Lo siento mucho, de verdad.

—Estoy bien Danna, no te preocupes, ¿Cómo te encuentras?— indaga, su voz se escucha tranquila.

—Yo estoy bien, estoy en casa, yo…

—Iré a verte, necesitamos hablar.

—¡No!— digo al instante— No… yo, yo te diré cuando podamos vernos, sé que tiene muchas dudas, te las voy a aclarar, pero ahora mismo no puedo.

—Entiendo, tienes mi número y sabes mi dirección, cuando puedas hablar ahí estaré.

—Claro, que pases buen día.

Cierro la llamada y puedo respirar tranquila al saber que se encuentra bien.

No quiero que nos veamos y Vincens se entere de alguna manera, primero debo averiguar cómo supo que estaba con Luciano la noche anterior y como sabía la ubicación.

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