La sala de reuniones de Trident Marine mantenía su habitual imponencia: paredes acristaladas con vista panorámica de la ciudad, una mesa larga de madera oscura, sillas de cuero perfectamente alineadas. El aire acondicionado soplaba una brisa constante y helada, exactamente como a Liam le gustaba.
A su derecha, Alex tecleaba en el portátil; frente a él, uno de los directores explicaba con entusiasmo un gráfico de proyección trimestral. Los demás observaban atentos, tomando notas, inmersos en la