El sonido de los pasos de Liam y Olívia resonaba por el elegante corredor de la mansión Holt.
Ella caminaba a su lado, en silencio, con el corazón todavía acelerado por la conversación anterior. El ambiente entre ellos estaba tenso y, a cada paso, la atmósfera cambiaba: de una incomodidad privada a una representación pública.
Cuando llegaron al comedor, las voces se apagaron. Frederico, sentado en la cabecera, alzó la vista con calma. Su mirada, perspicaz y firme, parecía atravesar cualquier má