Meredith estiró los bracitos.
Fue suficiente.
Laura ya estaba llorando cuando la recibió en sus brazos.
—Hola, mi amor... —La apretó contra su pecho. Hundió la nariz en los suaves cabellos de la niña mientras sus hombros temblaban ligeramente—. Cuánto te extrañé, vida mía.
La voz se le quebró por completo.
Le besó una mejilla.
Luego la otra.
Después la frente.
Y por último el cabello.
Despacio.
Con calma.
Como si intentara recuperar todos los meses perdidos.
—Cuánto tiempo ha pasado, princesa..