Las tres terminaron riéndose. Pero entonces la mirada de Laura encontró la de Olivia.
Y se suavizó.
Porque detrás de aquella sonrisa seguían estando las ojeras.
Seguía estando la tristeza.
Seguía estando el dolor.
Seis meses de duelo.
Seis meses creyendo que jamás volvería a casa.
Despacio, Laura extendió la mano hacia ella.
—Levántate, cuñadita.
Su voz sonó más baja.
Más cariñosa.
—Porque me niego a aceptar que volviste a encontrarte con ese hombre después de más de seis meses... —Una sonrisa