Con cuidado, tomó a Oliver en brazos. El pequeño se acomodó de inmediato contra su pecho. Sus deditos se cerraron alrededor de un mechón de su cabello. Y el corazón de Olivia se encogió.
—Hola, mi amorcito...
Su voz salió dulce. Casi como un susurro. Sus ojos recorrieron el rostro del bebé con ternura.
—Qué hermoso eres, príncipe mío... —Una sonrisa emocionada apareció en sus labios—. Tu tía se puso muy feliz cuando supo de ti.
Sus dedos acariciaron la suave mejilla del pequeño.
—Muy feliz, de