Al día siguiente, la puerta de la sala de visitas se abrió. Olívia no esperó. Caminó directamente hacia Liam… y lo besó. Un beso tras otro. En el rostro. En la boca. Sin control. Él correspondió. Pero… había algo diferente. Sutil. Ella lo sintió. El beso se suavizó. Sus ojos buscaron los de él.
—¿Qué está pasando, amor? —preguntó, aún cerca—. Te siento… distante estos días…
Liam pasó la mano por su rostro, despacio.
—No estoy distante. —dijo, firme—. Solo estoy pensando.
Su mirada se oscureció.