Alex se pasó la mano por el rostro antes de responder.
—Intento de homicidio en Nueva York… —comenzó, serio—. Dependiendo de cómo el fiscal lo encuadre… puedes recibir entre quince y veinticinco años.
La mandíbula de Liam se tensó. Alex se inclinó ligeramente sobre la mesa.
—Pero mírame… no vas a quedarte preso.
Sin vacilar.
—Sabemos que todo esto fue armado. —continuó—. Y sabemos quién puso todo esto sobre tus hombros.
Una fracción de segundo.
—Alberto.
Los ojos de Liam se oscurecieron.
—Ahora