Edgar dio un paso al frente, colocándose a su lado.
—Señora. —dijo, firme.
Ella lo miró. Aún tensa.
—Será rápido. —continuó Edgar, sosteniéndole la mirada—. Y yo estaré presente.
—Si hay cualquier alteración… doy por terminada la conversación.
Ella dudó. Respiró hondo. Su mirada volvió a la puerta de la habitación. Luego a Edgar. Y finalmente asintió. A regañadientes.
—Cinco minutos. —repitió Edgar.
Edgar entró primero. Su mirada recorrió directamente los monitores. Solo entonces dejó espacio.