En la comisaría, Liam estaba sentado. Las manos apoyadas sobre la mesa. Las esposas ya habían sido retiradas, pero la sensación de restricción seguía allí. No física.
Mental.
Al otro lado de la sala, dos detectives. Observando. Esperando cualquier reacción.
—Señor Holt… —comenzó uno de ellos, abriendo la carpeta con calma—. Vamos a ser objetivos. Usted estuvo anoche en el estacionamiento del centro comercial.
Liam no respondió. Solo sostuvo la mirada. Fría. Calculada.
—Usted tuvo contacto con l