Laura lo observó durante un instante, con una mano apoyada sobre su propio vientre, como un reflejo inconsciente.
—Lo entiendo, Nego… —murmuró, ahora con más suavidad—. Te necesitan.
Él se vistió rápido, sin perder tiempo. Pero antes de salir… volvió. Se acercó. Y la besó. Rápido. Pero cargado de significado.
—Luego continuamos… —dijo.
Y se fue.
La mañana en la mansión de Liam había comenzado tranquila. El día estaba nublado, y una luz suave y difusa atravesaba los grandes paneles de vidrio, il