Los ojos de Ísis brillaron.
—Y, aun con miedo… me fui quedando… fui cediendo… fui dejándote entrar… y, cuando me di cuenta… tú ya lo eras todo.
Respiró hondo.
—En cierto momento, nuestra historia no fue fácil… nos lastimamos… nos perdimos… y, por un instante, pensé que de verdad se había acabado.
Su mirada se volvió más firme.
—Pero la vida me trajo de vuelta a ti… y yo elegí quedarme.
Llevó la mano libre a su vientre.
—Hoy no tengo solo a ti… tengo a nuestra familia… a nuestros hijos… un herma