El auto se detuvo frente al edificio gris, de arquitectura fría y funcional. No había nada acogedor allí. Un discreto letrero indicaba:
Centro de Evaluación Psiquiátrica Forense.
Edgar bajó primero. Su mirada ya era pesada. Alex vino detrás, ajustándose el saco mientras observaba el entorno con atención profesional.
—Un lugar encantador… —murmuró con sequedad, recorriendo la fachada con la mirada.
Edgar no respondió. Ya caminaba hacia la entrada.
El interior era todavía más impersonal. Paredes