Alex asintió despacio y pasó el brazo por la cintura de ella.
—Nos vamos ya… —dijo con una media sonrisa—. Porque, si de mí depende, esa grabación empieza en cuanto lleguemos a casa. Y aunque estemos cansados… estoy seguro de que las paredes de ese ático van a acabar formando parte de la historia.
Isis giró el rostro hacia él, entrecerrando los ojos.
—Alex…
Laura abrió de inmediato una sonrisa maliciosa.
—Dios mío… —murmuró, mirando a Edgar—. Este grupo está imposible hoy.
Isis suspiró, fingien