Edgar se llevó las manos a la boca.
—Dios mío… —murmuró, con la voz quebrada—. Lo sabía… lo sabía.
Laura, todavía en shock, tragó saliva.
—¿Yo…? ¿estoy embarazada? ¿Es eso?
Se quedó con el test en la mano, paralizada, como si hubiera olvidado cómo funcionaba. Las dos líneas seguían allí, intactas. Laura parpadeó. Una vez. Otra. Y otra.
—No… —susurró—. No, no… esto… esto no puede…
Edgar se acercó despacio. El color se le iba del rostro poco a poco. La boca se le abrió… pero no salió ninguna pala