Vânia dudó por un momento; su expresión se suavizó, como quien pisa un terreno delicado.
—Eso… solo él puede contártelo, niña mía —respondió con un tono sereno, cargado de significado—. Lo único que puedo decirte es que nadie se cierra de esa manera sin un motivo.
El silencio de la cocina se prolongó unos segundos, hasta que el mayordomo entró con el celular en la mano.
—Vânia, ya hice la lista de lo que falta en la despensa. Voy a atender unas órdenes del señor Liam y luego pasaré por el super