Edgar respiró hondo antes de continuar.
—¿Te acuerdas de que papá había dicho que estaba durmiendo otra vez con ustedes porque mi casa todavía no estaba del todo lista? ¿Que cuando hay niños no se puede vivir en un lugar desordenado?
Luna asintió de inmediato.
—Me acuerdo, papá. —hizo una pausa, curiosa—. ¿Ya quedó lista tu casa?
—Entonces… —dijo él con cuidado, eligiendo bien las palabras—. Sí, ya quedó lista. Y tu habitación está preciosísima.
Luna dejó de comer el helado. Se quedó con la cuc