Victor se despertó con la alarma del celular. Parpadeó un par de veces, todavía aturdido, antes de girar la cabeza hacia un lado. Entonces vio la nota sobre la almohada. Tomó el papel y empezó a leer. La mandíbula se le fue tensando línea por línea.
“Una mujer que solo sirve para que un hombre se desahogue no tiene ninguna obligación de esperarlo despertarse con una sonrisa en la cara y un café maravilloso en la mesa.
Pero el santito no es tan malo como parece: la empleada te dejará el café pre