No tardó mucho. Liam regresó con algo en las manos. Al verlo, Olívia rió y redujo el vaivén del columpio, avergonzada y, al mismo tiempo, derretida por la forma en que él la miraba.
—Vaya… —dijo ella, acomodándose en el columpio—. ¿Cómo adivinaste que tenía sed?
Liam solo sonrió. Una sonrisa ladeada, lenta, cargada de segundas intenciones.
—Ven conmigo.
Guardó el celular, tomó la mano de ella y la condujo despacio hacia un pasillo natural entre grandes rocas de granito. La luz allí era suave, f