Liam seguía con la mirada fija en la puerta.
Por un segundo, el dormitorio quedó en silencio… pero nada allí tenía calma. La tensión era espesa, casi palpable, como si ocupara cada centímetro de aire entre ellos.
Olívia respiraba hondo, intentando ordenar su propio caos interno, pero cada vez que abría la boca salía más dolor que control.
Liam percibió dos cosas al mismo tiempo:
ella no iba a parar
y la sombra del otro lado aún no se había ido.
Fue suficiente para hacerlo reaccionar.
—Mierda… —