Olívia dejó la tela en el suelo, cerró los ojos y respiró hondo. El vestido, rasgado, parecía un símbolo de lo que sentía por dentro.
Todavía con la respiración corta, salió del baño y volvió al cuarto solo en ropa interior. La piel con piel de gallina por el frío del aire acondicionado contrastaba con el calor de las lágrimas que no paraban de correr.
Se acostó en la cama enorme, pero que le pareció un desierto. Abrazó su propio cuerpo como si pudiera protegerse. El llanto comenzó bajo, despu