El silencio en el salón era denso cuando el juez de paz anunció:
—Puede besar a la novia.
Olívia sintió todo el cuerpo temblar. El corazón latía desacompasado, la respiración corta. Liam la observaba con una mirada profunda, casi hipnótica. Por un instante, todo desapareció: invitados, flashes, música. Solo estaban sus ojos, verdes, intensos, y el recuerdo del verdadero motivo de aquella boda.
Él levantó la mano y, con los dedos largos, hizo una caricia leve en el rostro de ella. El toque, in