Capítulo 111.
La oficina en la que se daría lectura del testamento estaba impregna por un silencio abrumador.
El abogado, un hombre que había sido amigo de Ignacio Contreras desde que había iniciado en esta aventura de los negocios décadas atrás, se mantenía impasible acomodando las hojas que estaba a punto de leer.
El hombre canoso y de más de setenta años aunque se mantenía conservado para su edad, suspiró y de manera metódica colocó su pluma a un lado en el escritorio y fijó su mirada en el reloj hasta que