Mundo ficciónIniciar sesiónLlegaron a la hacienda y Victoria dibujó una sonrisa en su rostro, Santiago por su parte, no podía disimular que moría por besarla y tenerla en sus brazos, y ella lo trataba con toda la indiferencia que podía.
—¡Niña Victoria!, perdón, señora Victoria, ¡Qué felicidad que hayan regresado! Ahora si, esta es su casa, como siempre debió ser, esa bruja de la señora Dinora, se va tener que acostumbrar.







