Observando las cámaras de seguridad, Gabriel comprendió la situación: un individuo había dejado huevos podridos y desperdicios frente al apartamento de Ana. La mirada de Gabriel se tornó siniestra, mientras Ana conservaba una serenidad aparente.
— Señorita Vargas, podríamos contactar a la policía. Tenemos una grabación clara del responsable —propuso al instante el encargado de seguridad.
Ana lo negó con puños discretamente apretados. — Yo conozco muy bien al culpable.
El perpetrador ni siquiera