Ana mantuvo su rostro imperturbable.
— No tengo interés alguno en saberlo —contestó con frialdad. Disfrutaba su independencia y la libertad de actuar sin ataduras. Si Laura creía que podría manipularla con esa información, estaba completamente equivocada.
Su respuesta dejó a Laura desconcertada. Con satisfacción, Ana contempló el terrible desorden que había causado en la sala mientras sacaba satisfecha su teléfono para mostrar su cuenta de banco.
— Para cubrir los gastos de limpieza —anunció. Ya