Los detalles atentos de Gabriel causaban cierta inquietud en Ana. Se había puesto la ropa que él le proporcionó una camiseta suelta y pantalón de tono claro. Era un conjunto sencillo pero que coincidía perfectamente con su estilo.
Al descorrer la cortina del probador, dijo: — Señor Urquiza, le haré una transferencia por esto.
Durante estos años, Ana apenas había logrado establecerse profesionalmente, sofocada por el peso de mantener su relación con Mateo. Por un lado, los Ramírez la presionaban