Después de más de diez segundos, Ana finalmente contestó la llamada.
—Señor Urquiza, ¿qué sucede a esta hora? —su voz fría llegó a través del auricular, y el corazón agitado de Gabriel se calmó al instante.
Su nuez de Adán se movió mientras hablaba con voz profunda y magnética:
—¿Sigues enojada?
Esas palabras dejaron a Ana completamente aturdida. La sorpresa se reflejó en sus ojos mientras su mano apretaba el teléfono cada vez más fuerte, haciendo que las venas resaltaran bajo su pálida piel. ¿G